La Civilización de Mesopotamia

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Mesopotamia

 

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INTRODUCCIÓN

Mesopotamia (en griego, ‘entre ríos’), región que se convirtió en uno de los primeros centros de civilización urbana, situada entre los ríos Tigris y Éufrates, en la zona que en la actualidad ocupan los estados de Irak (principalmente), Irán y Siria.

La riqueza natural de Mesopotamia siempre ha atraído a pueblos procedentes de las regiones vecinas más pobres, y su historia es la de continuas migraciones e invasiones. La lluvia es escasa en la mayor parte de la región, pero cuando el fértil suelo se riega a través de canales produce abundantes cultivos.

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PRIMEROS ESTADOS MESOPOTÁMICOS

La necesidad de autodefensa y riego llevó a los antiguos mesopotámicos a organizar y construir canales y asentamientos fortificados. Desde el 6000 a.C. los asentamientos aumentaron, convirtiéndose en ciudades en el IV milenio a.C. El primer asentamiento de la región fue probablemente Eridú, aunque el ejemplo más destacado es Uruk (la Erech bíblica) al sur, donde los templos de adobe se decoraron con fina metalurgia y piedras labradas. El desarrollo de una administración también estimuló la invención de una forma de escritura, la cuneiforme. Los sumerios probablemente fueron responsables de esta primera cultura urbana que se extendió hacia el norte del Éufrates. Otros asentamientos importantes de Sumer fueron Adab, Isin, Kis, Larsa, Nippur y Ur.

Hacia el 2330 a.C. la región fue conquistada por los acadios, pueblo semítico del centro de Mesopotamia. Su rey, Sargón I el Grande (que reinó hacia el 2335-2279 a.C.), fundó la dinastía de Acad, y en su época la lengua acadia comenzó a sustituir al sumerio. Los gutis, tribu de las colinas del este, acabaron con el dominio acadio hacia el 2218 a.C., y, después de un intervalo, la III Dinastía de Ur llegó a dominar gran parte de Mesopotamia. En Ur, hubo un florecimiento final de las tradiciones sumerias. Los invasores precedentes del reino norteño de Elam destruyeron la ciudad de Ur hacia el 2000 a.C. Bajo su dominio ninguna ciudad consiguió el control total hasta mediados del siglo XVIII, cuando Hammurabi de Babilonia unificó el país durante algunos años al final de su reinado. Al mismo tiempo, una familia amorrea obtuvo el control de Assur en el norte; sin embargo, tanto Babilonia como Assur pronto cayeron a manos de los recién llegados. Hacia el 1595 a.C. los hititas tomaron Babilonia que poco después cayó bajo el control de los casitas. Durante los 400 años siguientes Babilonia se desarrolló notablemente; sus reyes adquirieron un poder similar al de los faraones de Egipto y su población estableció amplias relaciones comerciales. Assur cayó en manos del reino de Mitanni, fortalecido por los hurritas procedentes del Cáucaso, quienes probablemente estaban relacionados con el pueblo de Urartu. Los hurritas habían estado en Mesopotamia durante siglos, pero después del 1700 a.C. se extendieron por todo el norte y también por Anatolia.

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IMPERIO ASIRIO Y CALDEO

Ruinas de Babilonia

Ruinas de Babilonia

La ciudad de Babilonia fue uno de los más importantes centros urbanos durante los milenios II y I a.C. Situada al este del río Éufrates, a 90 km al sur de la actual capital iraquí (Bagdad), su mayor esplendor correspondió al reinado del monarca de la dinastía neobabilonia (caldea) Nabucodonosor II, que tuvo lugar desde el 605 hasta el 562 a.C.

Hulton Deutsch

Hacia el 1350 a.C., el reino de Asiria, al norte de Mesopotamia, comenzó a destacar. El ejército asirio derrotó a Mitanni, conquistando en poco tiempo Babilonia hacia el 1225 a.C., y llegando al Mediterráneo hacia el 1100 a.C. Durante los dos siglos siguientes, esta expansión fue detenida por las tribus arameas procedentes de la estepa siria y, con la ayuda de tribus caldeas, invadieron Babilonia. Asiria combatió a éstas y a otras tribus, expandiéndose de nuevo después del 910 a.C. Durante su mayor extensión (c. 730-650 a.C.) el Imperio asirio controló Oriente Próximo desde Egipto hasta el golfo Pérsico. Las regiones conquistadas quedaron bajo el mando de reyes vasallos o, si existían problemas, eran anexionadas. Siguiendo una antigua práctica, los individuos rebeldes eran deportados, produciéndose una mezcla de razas en todo el Imperio. Las frecuentes revueltas precisaban una fuerte potencia militar, pero no se pudo mantener el control en un dominio tan amplio durante mucho tiempo. Las presiones internas y los ataques de los pueblos de Media y los caldeos de Babilonia provocaron el colapso en el 612 a.C. Los medos tomaron la parte elevada del país, dejando Mesopotamia a los caldeos bajo el gobierno de Nabucodonosor II. Los caldeos rigieron Mesopotamia hasta el 539 a.C., cuando Ciro el Grande de Persia, quien había conquistado Media, capturó Babilonia.

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DOMINIO PERSA

Mesopotamia y el Imperio persa

Mesopotamia y el Imperio persa

Mesopotamia, una región que abarcaba lo que en la actualidad es el este de Siria, el sureste de Turquía y la mayor parte de Irak, estaba situada entre los ríos Tigris y Éufrates. Su nombre es de origen griego y significa ‘entre ríos’. Las comunidades más antiguas de esta zona datan del 7000 a.C., y en ella florecieron diversas civilizaciones. Pasó a formar parte del Imperio persa en el siglo VI a.C.

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Bajo los persas, Mesopotamia se dividió en las satrapías (provincias) de Babilonia y Assur, desempeñando Babilonia un papel fundamental en el Imperio. La lengua aramea, ampliamente hablada con anterioridad, se convirtió en el idioma común, y el establecimiento de un gobierno imperial trajo consigo la estabilidad a la región. Sin embargo, al final, el régimen fue demasiado opresivo y la prosperidad de Mesopotamia declinó.

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ÉPOCA HELENÍSTICA Y ROMANA

Tras la conquista de Asia Menor por Alejandro Magno en el 331 a.C., la dinastía helenística de los Seléucidas, fundada por Seleuco I gobernó en Mesopotamia. Se fundaron una docena de ciudades, la más importante de las cuales fue Seleucia del Tigris, trayendo la cultura, el comercio y una renovada prosperidad helenística a la región. También se construyó un nuevo sistema de canales, el Nahrawan. Hacia el 250 a.C. los gobernantes Arsácidas de Partia tomaron Mesopotamia a los Seléucidas. Los partos organizaron su imperio además de organizar distintos estados vasallos, en los que las ideas griegas y persas se mezclaron. Tras rechazar los ataques romanos, los partos cayeron en el 226 d.C. a manos de los Sasánidas de Persia, cuyo dominio se extendió desde el Éufrates hasta el actual Afganistán. Establecieron un gobierno eficaz, con una jerarquía de funcionarios, y mejoraron el sistema de canales de riego y drenaje. El conflicto intermitente en el noroeste con la provincia romana de Siria, posteriormente parte del Imperio bizantino (después del 395), y con los árabes en las zonas fronterizas del desierto, condujeron a la destrucción del Imperio de los Sasánidas en el 635 a manos de los árabes, quienes llevaron consigo la nueva religión islámica.

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ÉPOCA MEDIEVAL Y MODERNA

Entre el 635 y el 750 Mesopotamia fue gobernada por los califas Omeyas de Damasco. Durante este tiempo, las hordas de las tribus establecidas en esta tierra y la lengua árabe, desplazaron al griego y al persa. Los conflictos entre los musulmanes culminaron en la creación de Bagdad como nueva capital de un imperio musulmán durante el califato Abasí. Los califas introdujeron guardias turcos, quienes gradualmente tomaron el control, estableciendo dinastías propias en la zona. Después del saqueo mongol de Bagdad, en 1258, la decadencia administrativa y los posteriores ataques de beduinos y mongoles (1401) condujeron al deterioro del sistema de canales, reduciendo la agricultura y maleando el suelo.

Los gobernantes turcos otomanos y los persas Safawíes compitieron por el control de Mesopotamia desde el siglo XVI al XVIII, cuando las dinastías familiares controlaron Bagdad y otras ciudades mesopotámicas. Los turcos prevalecieron al final. Durante la I Guerra Mundial las tropas británicas tomaron la zona después de una encarnizada lucha. Actualmente, el territorio mesopotámico pertenece en su mayoría a Irak, y en parte al suroeste de Irán y al noreste de Siria.