Continente de America


Continente Americano

Geografia

América

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INTRODUCCIÓN

Américo Vespucio

Américo Vespucio

El navegante italiano Américo Vespucio exploró el Nuevo Mundo al servicio de los monarcas de Castilla y Aragón (Isabel I y Fernando II respectivamente, conocidos como los Reyes Católicos). Entre 1499 y 1500 reconoció la parte septentrional de Sudamérica. Al año siguiente, pasó a navegar a las órdenes del rey de Portugal; en este nuevo viaje llegó hasta las proximidades del actual estrecho de Magallanes y descubrió que esas tierras no formaban parte de Asia, sino que se trataba de un nuevo continente. Dos años después realizaría un tercer viaje a las Indias también bajo los auspicios del monarca luso. En 1504, se estableció de forma permanente en Sevilla y su nombre comenzó a ser relacionado con los nuevos territorios descubiertos.

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América, segunda masa continental aislada más grande de la Tierra. Tiene una superficie de aproximadamente 42 millones de km2 y es el continente más alargado: se extiende desde el círculo polar Ártico hasta el Antártico, en disposición paralela a los meridianos, y está bañado por las aguas de tres océanos: Atlántico, Pacífico y Glacial Ártico. En el año 2006, la población del continente rondaba los 900 millones de habitantes.

Comprende tres grandes conjuntos o subcontinentes: Norteamérica, Centroamérica (incluidas las Antillas) y Sudamérica.

Reservas mundiales de petróleo

Reservas mundiales de petróleo

Casi el 60% de las reservas mundiales de petróleo se encuentran en Oriente Próximo. En esta región destaca Arabia Saudí, con casi el 40% de las reservas regionales.

Las Américas es el nombre que a menudo se utiliza para designar todo el hemisferio occidental. La palabra apareció por primera vez en la Introducción a la cosmografía, editada y publicada en 1507 por el cartógrafo alemán Martin Waldseemüller. El nombre deriva de Americus, el nombre de pila latinizado del navegante italiano Amerigo Vespucci, cuyas expediciones al Nuevo Mundo describe la obra. Tal como Waldseemüller usaba la palabra, América designaba específicamente las tierras descubiertas por Cristóbal Colón, Vespucci y otros exploradores de las Antillas, y la costa del noreste de Sudamérica. El geógrafo flamenco Gerardus Mercator usó la palabra América por primera vez para referirse a todo el hemisferio occidental en un mapa del mundo editado en 1538.

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REGIONES GEOGRÁFICAS O REGIONALIZACIÓN

Considerando a la región como un territorio que ofrece determinadas características que permiten individualizarlo con respecto a otros, en América se distinguen las siguientes regiones geográficas:

Región septentrional: ocupa la costa ártica y la taiga. Tiene baja densidad de población y parte de la misma es amerindia. En ella se explotan los bosques y los minerales, y tienen gran importancia la pesca y la caza, en un ámbito con clima frío riguroso.

Región apalachense o apalacheana: incluye la mayor concentración de población urbana, actividad industrial y vías de transporte del noreste de Estados Unidos y sureste de Canadá. La franja urbana costera es conocida como la megalópolis americana, por la sucesión de grandes ciudades entre Washington y Boston. El sector agrícola está orientado al abastecimiento de la demanda de dichos núcleos y a la exportación. El aprovechamiento del potencial hidroeléctrico de los montes Apalaches permitió el inicio de la actualmente poderosa actividad industrial.

Planicie central agropecuaria: se extiende por el sur de Canadá y el centro de Estados Unidos, y se dedica especialmente al cultivo de cereales (maíz y trigo) y a la cría de ganado vacuno y porcino gracias a las extensas praderas y suelos fértiles.

Región del sureste subtropical: coincide con un arco que rodea e incluye al estado de Florida de Estados Unidos, donde se desarrollan cultivos subtropicales, así como una dinámica actividad industrial, portuaria y turística. La población está compuesta por blancos, negros, mulatos y mestizos.

Región de las tierras altas del oeste: comprende las mesetas y cuencas interiores y las cadenas montañosas del oeste norteamericano. Se caracteriza por el tradicional ranching, la agricultura de regadío, la industria y las actividades turísticas. El sector costero septentrional es húmedo, con costas de fiordos, en tanto que el sur es árido, con agricultura de regadío y alta densidad de población.

Región de Centroamérica: abarca la parte insular (Antillas) e ístmica de la parte central del continente. Se caracteriza por la presencia de montañas y mesetas y por la gran actividad sísmica y volcánica. Su población presenta un alto porcentaje de amerindios, negros y mestizos. El sustento económico se basa en la agricultura de productos tropicales y en el turismo.

Región de la Orinoquia o de Los Llanos del Orinoco: coincide con la cuenca del río Orinoco, que presenta clima tropical, relieve llano y población escasa y dispersa; la práctica de la ganadería vacuna es una actividad fundamental.

Región de la Guayanía: comprende un macizo antiguo, con mesetas y una llanura litoral, donde se desarrolla la selva de clima tropical o pluvisilva; la población es escasa y un recurso importante son los yacimientos de bauxita.

Región de la Amazonia: abarca la amplia llanura de la cuenca del río más caudaloso del mundo, el Amazonas, que es compartida por cinco países sudamericanos. Tiene una baja densidad de población y alberga grupos indígenas que para su subsistencia practican la pesca, la caza y la recolección. Bajo un clima cálido y húmedo se desarrolla la selva amazónica, rica en especies animales.

Región de Brasilia: comprende el relieve de mesetas, cortadas por los valles de los afluentes del Amazonas y del Plata, y sierras del antiguo escudo o macizo Brasileño. Los principales núcleos de población tienen localización costera. En el litoral norte predomina la población negra y se cultiva cacao y caña de azúcar; hacia el oeste destaca el paisaje semiárido del sertão. En el sector costero meridional se ubican el foco económico de Brasil y las ciudades principales, como Río de Janeiro y São Paulo. Hacia el interior del continente está la capital de país más poblada de Sudamérica, Brasilia, en un ámbito donde predomina la actividad agrícola y ganadera, en el que sobresale el mayor potencial hidroeléctrico del Estado.

Región del Plata: abarca la parte media e inferior de la gran cuenca del Plata. Presenta la mayor densidad de población y las principales industrias de Argentina en el tramo inferior del río Paraná y, más al norte, alberga importantes urbes como Asunción, capital de Paraguay. En el norte de la región se encuentra la Llanura chaqueña, con características subtropicales, y hacia el sur, la Pampa, reconocida por su excelente aptitud para la actividad agropecuaria de clima templado. En esta región se concentra el mayor contingente de la población argentina.

Región andina: caracterizada por la presencia de cordones montañosos —con su máxima altitud en los denominados Andes centrales argentino-chilenos—, valles fluviales y mesetas, que se extienden por el oeste de Sudamérica. En la mitad norte predomina la población descendiente de amerindios y la economía depende de las actividades agrícolas, mineras y pesqueras. En la mitad sur se encuentra el valle Longitudinal chileno (o depresión Intermedia), que concentra la mayor cantidad de población y de actividades económicas de ese país. En el sector sur sobresalen sus paisajes naturales con bosques, lagos, fiordos y glaciares.

Región patagónica: es una extensa y desolada meseta localizada en el sur de Argentina y, en menor medida, de Chile. El desarrollo de la ganadería lanar extensiva y las bajas densidades de población responden a sus condiciones de aridez. Los centros poblados más importantes de la Patagonia se ubican en las costas, donde se desarrollan actividades portuarias, industriales y pesqueras. En el sector norte, el valle del río Negro constituye un oasis, con alta densidad de población y cultivos de regadío. Tiene importantes yacimientos de gas y petróleo.

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LÍMITES Y FRONTERAS EN AMÉRICA

Bajo esta denominación se realiza en este epígrafe un somero repaso a tipos de fronteras y límites fronterizos, así como a los principales conflictos que por tal motivo se produjeron, a lo largo de los siglos XIX y XX, entre los estados surgidos del proceso de emancipación colonial desarrollado en la América hispana.

Tras la emancipación, a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX, de los territorios americanos pertenecientes al Imperio español, al Imperio portugués y al Imperio Británico, se inició un largo y arduo camino en el continente con el propósito de trazar las fronteras internacionales. Los límites entre la colonización anglosajona, portuguesa y española, así como los de las entidades políticas creadas por las potencias coloniales, sirvieron de base para la definición de los territorios de los nuevos estados. Pero diversos factores hicieron que el trazado exacto de las líneas demarcatorias se prolongara hasta el presente, cuando aún subsisten cuestiones no resueltas.

Las repúblicas de Hispanoamérica consagraron como norma para dirimir los litigios fronterizos el principio del Uti Possidetis Juris, expresión latina que significa ‘poseerás como poseías’; esto es, sus territorios serían aquellos que poseían en 1810 según la división político-administrativa establecida por España en sus colonias americanas. La aplicación de dicho principio no resultó sencilla, porque aún con un elemento orográfico como la cordillera de los Andes, que puede ser destacado como ejemplo de frontera natural, las disputas entre Chile y Argentina culminaron en una fecha tan tardía como es 1999.

Durante el siglo XVIII era común elegir accidentes geográficos (ríos, cordilleras…) como límites, pero no existía la necesidad de precisar con exactitud las líneas fronterizas, motivo por el cual surgieron luego los enfrentamientos. El dirimir estas cuestiones creó sentimientos de recelo entre los países, mutuas acusaciones de deseos expansionistas entre estados colindantes y la persistencia de hipótesis de conflicto que los mantuvieron en alerta constante, imposibilitando acercamientos para proyectos de desarrollo en común. En la actualidad, los procesos de integración están restando importancia a los viejos recelos y se tiende a solucionar las cuestiones limítrofes pendientes.

El escaso poblamiento en vastas regiones, la falta de conocimiento de un territorio enorme y la precariedad de los medios técnicos aptos para reconocerlo y ubicar los rasgos del terreno con que se contaba a fines del siglo XIX y principios del XX, fueron causa de la falta de precisión existente en muchos tratados, que después de firmados originaron nuevos conflictos. Un ejemplo de esto es el Tratado de 1881, firmado entre Argentina y Chile, que fijaba los criterios de demarcación en los Andes.

En muchos casos, los mutuos reclamos de territorios llevaron a enfrentamientos bélicos causados por el afán de apoderamiento de recursos considerados valiosos. Así, la guerra del Pacífico, que tuvo lugar entre 1879 y 1883, culminó con la pérdida de la salida al mar para Bolivia y de un territorio rico en guano y salitre, que en aquella época tenían gran demanda como fertilizantes. La guerra del Acre, librada entre Brasil y Bolivia, y en cuyos orígenes estuvo el control del caucho, y la guerra del Chaco, que enfrentó al segundo país con Paraguay por el petróleo existente en esa región sudamericana, le significaron a Bolivia un estrechamiento territorial en el este y en la Amazonia.

En otros casos, los enfrentamientos tuvieron o se vieron favorecidos por una doble motivación, interna y externa: tal es el caso de la Guerra Mexicano-estadounidense. En noviembre de 1845, el presidente estadounidense James Knox Polk intentó negociar con México una modificación de las fronteras entre ambos en torno a los ríos Nueces y Bravo, a la vez que realizaba una oferta de compra de California y Nuevo México. Las autoridades mexicanas rehusaron negociar a pesar de su debilidad interna, fruto del enfrentamiento abierto entre liberales federalistas y conservadores centralistas y del tesoro exhausto tras la guerra en Texas, así como del hecho de haber sofocado la sublevación de Yucatán y otros intentos secesionistas en Sonora y Tamaulipas. Además, el gobierno mexicano estaba totalmente pendiente de pronunciamientos militares, de distinto signo, que debilitaban su posición y su cohesión militar. El enfrentamiento se saldó con la pérdida, por parte de México, de unos 2.400.000 km2, más del 55% del entonces territorio mexicano.

En 1998, el Perú y Ecuador, tras haberse enfrentado militarmente, pudieron definir el límite en la cordillera del Cóndor, zona en la que se disputaban un pequeño territorio estratégico para la comunicación hacia el Amazonas y donde, además, se localiza una veta de oro.

Todavía subsisten en América disputas territoriales. Venezuela reclama la región de Esequibo, rica en minerales, en el oeste de Guyana; Uruguay reclama a Brasil que sea revisada la demarcación de los límites entre ambos países en las zonas de isla Brasilera y Rincón de Artigas; Venezuela y Colombia no han concretado los límites en áreas marinas y submarinas del golfo de Venezuela, ricas en petróleo y de importancia estratégica, ya que constituyen el paso obligado de los buques petroleros venezolanos de exportación. Por su parte, en el mar Caribe aún se está en conversaciones para la definición de las fronteras marítimas; así, Honduras y El Salvador deben completar el trazado de sus límites en áreas terrestres y marítimas del golfo de Fonseca, en tanto que el primero de ellos mantiene un litigio con Nicaragua desde finales de 1999, toda vez que el gobierno hondureño ratificó un tratado de delimitación con Colombia, que Nicaragua denunció por cercenar 130.000 km2 de su territorio marítimo en el Caribe. Guatemala, por su parte, reclama territorio de Belice.

El permanente estado de conflicto en las áreas fronterizas hizo que estas se mantuvieran poco pobladas y escasas de infraestructura de transporte. No obstante, el proceso de integración iniciado con la creación de organizaciones regionales, como el Mercosur o la Comunidad Andina, las convirtió en regiones receptoras de inversiones con la finalidad de mejorar su integración y cooperación.